| Nos habíamos quedado... en que Renata y José Antonio, junto a todos sus amigos y familiares, presas de la desesperación, habían descartado totalmente el simple extravío de sus mascotas, Katty y Barry. Sabían que ambos animalitos conocían muy bien cómo regresar a casa, nunca habían desaparecido por tanto tiempo y para sus horas de comidas estaban siempre presentes, muy puntuales.Eran muy disciplinados y obedientes, sabían sentarse, dar la mano, pararse en dos patitas, echarse, hacerse el muertito, saltar todo tipo de obstáculos, revolcarse en la grama y llevar el periódico a quien lo solicitara.. |
![]() |
| También podían nadar,
bailar un vals con sus dueños (mientras ladraban en un tono suave, como
cantando) y olfatear, hasta encontrar, cualquier prenda que se perdiera en
sus casas. Eran muy buenos para esa tarea, tenían muy desarrollado ese
sentido y siempre encontraban de todo. Hasta un pequeño niño ubicaron
una vez. El menor, de poco más de un añito, recién había aprendido a
caminar y en un descuido de sus padres se perdió en las inmediaciones de
la plaza de Armas. Sus familiares buscaron y rebuscaron y nada... Renata y
José Antonio, que patinaban en ese lugar acompañados de sus mascotas,
enterados de la desaparición del infante, ayudaron en la búsqueda. Junto
a ellos Katty y Barry olfateaban por aquí y por allá. Hasta que a los
pocos minutos ambos perros encontraron al niño jugando con unas flores,
detrás de un cerco natural de ramas verdes. Renata cargó al menor y se
lo mostró a la mamá para que reconozca si ése era su hijo. La gran
sonrisa en su rostro y sus lágrimas de emoción al ver a su pequeño vástago
sin daño alguno, fueron la mejor respuesta. No sabía cómo agradecer a
los canes por ese gran hallazgo. Los abrazó y acarició con ternura y
hasta quiso comprarles un pollo a la brasa, pero sus dueños se negaron
debido a que no les gustaba recibir nada a cambio de sus buenas acciones.
Así de maravillosos y de buen corazón eran Katty y Barry, siempre ayudaban de algún modo, por ello, no sólo los buscaban sus dueños, familiares y amigos, sino el vecindario entero. No podían haberse perdido por sí solos, alguien tendría que habérselos llevado a la fuerza, pero ¿quién?, ¿a qué hora?, nadie había visto nada fuera de lo normal, nada que hubiera llamado la atención. Ya entrada las ocho de la noche, sin rastro de los animales, la angustia era total. Los más afectados, por su puesto, eran Renata y José Antonio, que a sus 14 años sentían vivir su primera gran tragedia. Se echaban la culpa por no haber estado más atentos con el cuidado de sus perros y preferir jugar con sus amigos de la natación. Una patrulla policial, aunque tarde, los había ayudado en la búsqueda, reportaron a sus unidades para que cualquier persona con perros pastor alemán de las características referidas, tenga que demostrar su posesión. Cuando ya se disponían retirarse y dar por concluida su labor, recibieron una alerta de una de sus unidades ubicadas en Carquín (caleta cercana a unos 10 minutos de la playa Huacho), que les informó del hallazgo de dos perros pastores alemanes en una covacha de una vieja vagabunda que vivía en las peñas de esa playa. “No están mal heridos, pero presentan varios rasguños” informó el policía. Renata, José Antonio y todos sus acompañantes respiraron aliviados por esa noticia, pero a la vez, se preocuparon por la salud de los canes. Inmediatamente fueron con los agentes hasta el lugar que indicaban, mientras por la radio de la policía escuchaban el reporte completo: “Al recorrer la playa en búsqueda de los canes, se acercó una mujer anciana con aspecto descuidado que indicaba tener en su casa unos perros que encontró heridos en la playa... los llevó para curarlos, darles un poco de agua y protegerlos de un señor gordo, de baja estatura, que los llevaba una camioneta a toda velocidad... de la cual, según dice la mujer, uno de los perros saltó y corrió hacia las peñas, pero al ver que el otro animal no podía saltar debido a la alta velocidad... persiguió a la camioneta ladrando enfurecidamente... informa la anciana que a los pocos metros el chofer paró el carro y persiguió al perro que se había tirado luego de morder sus ataduras, con una red quiso atraparlo, pero no podía y el perro cada vez se iba más lejos de la camioneta... como si pensara que así el otro perro, aún atado al auto, podría escapar... así fue... El otro también mordió con desesperación y pudo zafarse de sus ataduras, se tiró a la arena y corrió a unirse al otro perro que se encontraba en lo alto de una peña en su afán de evitar ser alcanzado por el gordo... éste tenía ya la red rota de tanto intentar atrapar al perro, sin embargo, aún hizo esfuerzos por atrapar al segundo perro que al correr entre las peñas se hizo varios rasguños, al igual que el primero... dice que el gordo ya no pudo más y refunfuñando y maldiciendo los dejó ahí... agarró su camioneta y se marchó... ella luego de unos minutos se les acercó con una vasija llena de agua, primero los perros querían morderla, pero después al sentirla que venía para ayudar... la dejaron acercarse... antes que pudiera regresar el gordo, dice la anciana, prefirió llevarlos a su casa...” Renata, José Antonio y su familia llegaron al sitio donde podrían encontrar a sus perros y el oficial que habló con la anciana los recibió, mientas continuaba su relato: “Y efectivamente, señores, el tal gordo regresó con otros hombres, dice la anciana que buscó y rebuscó y no encontró nada, ella observó desde unos huecos de su covacha, que esta bien escondida entre las peñas... ella sospechó que eran robados o algo así, porque a unos perros que quieres no puedes tratarlos así...” Llegaron hasta la morada de la mujer y los perros... solo de olerlos cerca y escuchar sus voces... se levantaron a pesar de sus heridas y corrieron al encuentro de sus amos... la ansiedad y emoción tanto en amos como en animales era indescriptible... las lágrimas brotaron de muchos presentes y los perros empezaron a ladrar fuerte y con desesperación, como diciendo: “¿dónde estaban?, ¿dónde estaban? “ . Renata y José Antonio, sin contener el llanto, abrazaban y besaban a sus perros y prometían no volver a perderlos nunca más. No parecían haber pasado sólo horas, sino días enteros sin verse. Esa fue la gran aventura que unió para siempre a Katty y Barry, la primera que logró saltar de la camioneta fue Katty, pero lejos de escapar sola... quiso enfrentarse al gordo y despistarlo para que su amado Barry pueda romper sus ataduras y escapar también... gran lección de amor de esos animales que muchos seres humanos no tendrían valor de cumplir. Desde ese día se mantuvieron más unidos que nunca... hasta que después de un año... seis lindos cachorritos nacieron de ese lindo y puro amor perruno. The end Gracias a todos nuestros visitantes que colaboraron en la redacción de este relato... su gran respuesta a nuestra convocatoria nos anima a seguir adelante... (mazucari) Marcela Zulema Canales Ríos
|
|