Amor sin barreras.(I).  

   

Katty y Barry se conocieron un domingo de carnaval en el barrio Bolívar de Huacho. Detrás del cine Colón, el más popular de la ciudad. Mientras sus dueños jugaban tirándose globos llenos de agua, talco, barro... de todo, ellos se olfateaban, se ladraban, correteaban detrás de sus amos y luego se perseguían entre ambos. Aún eran jóvenes, tenían apenas seis meses de edad (los dos). Con esa energía, no se cansaban de dar la vuelta a la manzana una y otra vez, con la lengua afuera, hasta parecía que sonreían y se carcajeaban tanto como sus dueños.            barry2.jpg (473023 bytes)
Era increíble verlos divertirse tanto como los humanos, ahora que lo recuerdo, me trae mucha nostalgia. Se veían tan lindos pintados de todos los colores y mojados como toda la collera (amigos) de sus dueños. Entre todos conformaban un grupo muy bonito. Los moradores de la zona los observaban desde sus ventanas con sonrisas y expectativa por ver quien terminaba más "coloreado" o quien sufría la caída más espectacular. Eran los Años Maravillosos, como los de la serie.

Los dos eran de raza Pastor Alemán (¡hermosos!). Parecían hermanos pues siempre andaban juntos para arriba y para abajo, como sus dueños, José Antonio y Renata. A la playa, a la campiña, a jugar basquet, a la natación, a patinar a la plaza de Armas... a todos lados, siempre juntos. De pronto se hicieron grandes, altos y fuertes, con un fino pelaje negro y beige, causaban admiración a su paso. Nunca se perdían, de tanto andar por aquí y por allá conocían muy bien la ciudad. Y aunque algunas veces se escapaban entre la multitud a corretear y sus dueños luego no podían encontrarlos, esa preocupación terminaba a lo más en un par de horas, cuando regresaban orondos y jadeantes a Bolívar, su barrio (¿perdernos nosotros? ¡Jamás!, parecían decir).

Pero un buen día en que hubo una competencia de natación en la que participaban sus dueños, realizada en la piscina de una playa cercana a sus casas, asistió tanta gente que Katty y Barry se extraviaron. Al terminar el certamen deportivo, José Antonio y Renata buscaron desesperadamente a sus mascotas por toda la playa, acompañados de toda su collera e incluso sus padres y hermanos que no podían ocultar su gran angustia por encontrar a sus ‘engreídos’. "No se pueden perder por sí solos, conocen muy bien la ciudad. Además la casa esta casi cerca, saben regresar hasta con los ojos cerrados" razonó el papá de Renata. Ya eran cerca de las seis de la tarde y desde la una, nadie había visto a los canes. Renata, tan calmada en otras ocasiones, ya empezaba a llorar y José Antonio, ya no sabía cuántas veces había recorrido la playa de palmo a palmo. Empezaron las sospechas de que la desaparición de ambos animales era en realidad: un robo. Muy cerca de la playa vivía un criador de perros que desde que Katty y Barry eran chiquitos, quiso comprarlos para explotarlos y vender sus cachorros. Obviamente sus dueños se negaron y ahora que ambas mascotas estaban en su momento preciso de procrear, parecía encajar muy bien una venganza: el hurto...

¿Qué creen ustedes que sucederá? Esta historia continuará... si deseas colaborar escribiendo el final de este relato, escribe a mimascotahappy@c4.com y encantados recibiremos tus sugerencias.

Gracias

Marcela Zulema Canales Ríos (mazucari).