¡.. SABÍA HABLAR ¡  

Escuchaba mi radio favorita a todo volumen un domingo en la mañana, del cual sí tengo recuerdo, mientras regaba el jardín y cortaba la yerba mala. Me gusta todo tipo de música, así que siempre sintonizo una estación que pasa desde baladas, rock, pop, salsa, hasta tecnocumbia, me pongo a bailar y todo, soy un show.

Eso pensaba yo. En plena faena de riego llego mi amigo Román, dejé la manguera en el jardín y nos pusimos a conversar en el portal de mi casa, reíamos de las cosas que habían pasado en el tono la noche anterior,  en eso sonó en la radio el recontra tocado tema del Tic tic tac, “Tic tic tac, es el sonido de mi corazón, tic tic tac...” nos pusimos a hacer algunos pasos de baile mientras escuchábamos también a lo lejos las voces de unos niños que entonaban la canción casi a gritos.

La pegada era total. Tanto, que ni siquiera se van a imaginar quien estaba siguiendo la canción a su propio ritmo y melodía. Nadie en mi casa se hubiera dado cuenta, ni el vecindario tampoco, obviamente. Todo fue producto de la casualidad. En pleno fragor de la contagiosa canción...¡plum! se fue la luz...¡uy! fue la exclamación incontenible.  De pronto todo quedó en silencio, no nos reponíamos todavía de la desazón que nos produjo el improvisto apagón, cuando distinguimos un silbido cercano y una voz no tan clara que seguía cantando el Tic tic tac. ¿Pero, quién puede ser? Todos estamos callados, pienso.

En eso sale gritando mi mamá de la cocina: “¡Julio, Julio, ven corre, corre, mira cómo canta y silba Toñito!” ¿Ah?, los signos de interrogación y admiración se dibujaron en mi rostro, cómo, no sé, pero yo los sentí. Corrí a ver la proeza y allí estaba: con su cuerpo todo de verde, el pecho amarillo y la nariz puntiaguda y dura, sostenía sus patas sobre el columpio de madera que le había hecho mi papá... “tic, tic, tac es el sonido de mi corazón...(hablaba abriendo a la mitad el pico) y fifufuuu, fifufuuu, fífififififififífí (silbaba, sacando un poco la lengua, el resto de la canción)” 

No podía creer lo que veía,Toñito, mi loro amazónico, al que yo enseñé a silbar a las chicas el conocido silbido de admiración: fit fiuu y el silbido del barrio: fiu fufu fiu fufu, pero al que NUNCA pude escuchar hablar por más esfuerzo que hice, ahora me sorprendía con una canción y todo. Era para aplaudirlo.

Hasta llegué a pensar que mi loro estaba negado para hablar y mírenlo ahora, hasta cantante me salió. En un momento volteé a mi alrededor y ya casi todos mis vecinos estaban en mi patio interior, donde esta la jaula de mi querida mascota, gozaban viéndolo cantar y hasta aplaudían alegres: “el tic tic tac en Loretano”, grito uno de los niños dando un salto, expresión que causó hilaridad entre los  presentes. La más orgullosa era mi madre, que había llamado a los vecinos para que vean a “su hijo” en pleno show y, claro, ése, no era yo.