"Nunca digas Nunca jamás”  

                                                                                                                          

 Parecía un día normal como cualquier otro, no sospechaba que ése iba a ser diferente. Me iba a cambiar la vida.

Mi mamá y yo fuimos a comprar a la librería que queda frente al edificio donde vivo. Fui con mi perrita Kony, una schnauzer miniatura, sal y pimienta, de un año y  medio.

Luego regresé a mi casa sin mi mamá (ella se fue a trabajar). Todo iba bien, pero observé que las puertas de la reja y de la mampara (de mi edificio) estaban abiertas (nada usual). Al subir las escaleras hacia mi departamento, solté la correa de Kony, ella siempre sube sola y corriendo, pero como mi mascota quiere mucho a mi mamá, hizo todo lo contrario, bajó e ignoró mis llamados. Me asusté mucho, inmediatamente recordé que las puertas estaban abiertas, bajé de prisa los escalones, mientras me imaginaba lo peor.

Justo cuando ya estaba en la mampara, cerca de la reja, vi que un auto station wagon amarillo se acercaba por la pista, y mi Kony que corría hacia esa dirección. No lo podía creer, todo fue tan rápido, no recuerdo si cerré los ojos un segundo o grité, mi corazón latía apresuradamente y la sangre se me heló. El carro y mi Kony chocaron de costado. Escuché el fuerte maullido de dolor de mi perrita y el corazón se me hizo trizas. Corrí mientras rogaba que no sea algo grave, la saqué de debajo del auto (menos mal que el chofer paró) y sus ojitos me miraron vidriosos, no vi manchas de sangre, la toqué por todas partes para comprobar que estuviera bien y ¡gracias a Dios!, aparentemente, así era. Ella misma se incorporó y empezó a caminar con dificultad hasta mi departamento (ubicado en el tercer piso). Entró, se echó y se quedó ahí mirándonos, como diciendo: ¡ayúdenme! Comencé a llorar, le conté a mi hermanito (tiene 8 años, yo 13) lo sucedido, él también lloró. En esos momentos los dos estábamos solos. No sabía qué hacer............
                         

 

Luego de unos minutos llamé a mi tío (es veterinario), le conté lo que había pasado y me dio indicaciones, las seguí.

Al día siguiente llevé a mi Kony al consultorio de mi tío para que la observara y viera si era algo grave. Nos dijo, a mi familia y a mí, que ella estaba bien y que sólo había sido un golpe fuerte.

Luego de unos días Kony ya pudo caminar bien, ahora está totalmente restablecida y yo tengo más cuidado con ella para que no se me vuelva a escapar. Siempre dije que no quería que nada malo le sucediera a mi perrita, y que haría lo posible para que nunca sufriera un accidente. Pues, ahora debo decir: Nunca digas, Nunca jamás.

Aunque aún sueño con lo que pasó, ya lo asimilé. Sólo espero no volver a vivir esta experiencia y que mi perrita me acompañe por muchos años más.

 

* Colaboración de: Ana Paula Canales Escobedo.