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“ Nací en Jr. de la Unión, es lo último que recuerdo, estaba echadita en brazos de un chico. De pronto alguien miró, y yo dormí permanentemente por unos minutos, después aparecí en brazos de mi mamá-hermana rumbo a casa. En mi nuevo hogar, Astrid, mi hermanita mayor, se alegró y de tanta alegría dio un brinco de la cama. Después tuvieron que presentarme a papá, él no estuvo muy de acuerdo con mi presencia, pero la cuestión cambiaría... Esa noche, de miedo, orine en la cama, llore mucho, pero me dieron besitos que calmaron mi soledad, tenía mucha hambre. No me gritaron y desde ese día me dieron comida en la boquita, porque recién tenía un mes. Yo estaba algo delicada y mamá se preocupó, me llevo donde el veterinario. Casi me infecto de una enfermedad por hacerle ojitos a un perrito enfermito. La doctora resondró a mamá para que tuviera más cuidado y yo estaba con los crespos hechos (que vergüenza), mi vida comenzó. |
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Ahora tengo un año y seis meses, mi papá se acostumbro a mis ladridos, el tiempo borró las heridas que me afectaban. Mi papá me quiere (hasta les contaré, así, para ustedes no más, que bailamos huainito cuando nadie nos ve... je, je, je). Soy, sin duda, una bebita en mi hogar”. *
Colaboración de nuestra cibernauta: Giovanna Orozco
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