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Siempre llaman la atención. Todos lo comentan, los envidian, los observan. Se preguntan de dónde salieron, o a quién salió. Ella sabe que la miran y se queda quieta, como estatua de mármol. Todos los vecinos y transeúntes que pasan por mi ventana, no pueden dejar de voltear. Su presencia nunca pasa desapercibida. Ella lo sabe y se muestra altiva, pero a la vez tierna. Sabe también cual es su principal atractivo, los que todos comentan, los que todos observan: sus inexpugnables ojos celestes. Tan celestes como el cielo y tan profundos como el mar. Y como ambos, tan cambiantes de tonalidad, de intensidad y de brillo. Una mirada de hoy, no será la misma de ayer. Ni tampoco será lo mismo la de la noche que de la mañana. Por ello las personas nunca pueden pasar de frente, si la ven, se detienen. Su mirada nunca es la misma. Ella es mi gata Micaela, tan fina y tan avezada, tan tranquila y tan fiera, tan tierna y... tan tierna. También es juguetona, como yo. Graciosa y juguetona. Tiene el pelaje blanco, blanco como la nieve. La cola larga, larga y peluda, su cara redondita y su nariz rosada con pintas negras. Sus patas son largas y de pisadas grandes y firmes. Ni se te ocurra tocarla cuando ella no quiere, se enfurece y te muestra unas garras grandes y filudas. |
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Los chicos del barrio ya saben, así
como está tranquila, puede arañar sin avisar. La respetan, nunca la
fastidian y sólo la tocan cuando ella muestra ganas. Entonces es cuando
le cantan: “Gata fiera, se llama Micaela y te araña. Gata fiera, a
mi no me vas a aruñar”. Melodía de moda en estos días, a la cual
le cambiaron un poco la letra para adecuarla a mi tierna gatita fiera.
Todos la quieren mucho, se gana el cariño de los niños cuando juega con ellos a la pelota (con una bola pequeña) y sabe atrapar muy bien sus pases. Le da vueltas a la pelota con sus manitas, deja que alguien se acerque a quererle quitar la bola, e inmediatamente la agarra con su boca y corre hacia el arco para meterse con todo. Aunque el arquero quiera detenerla por las patas, ella salta. Y gooooooooollll!!! de Mica (como también llamamos a Micaela). Les digo que es muy tierna porque le gusta ronronear cuando está contenta, le gusta que la abracen, le gusta poner su cara junto a la tuya y la mueve como dándote suaves caricias. Luego te lame la cara y las manos y se echa en tu regazo como un dulce bebé. También es muy solidaria, si estas triste o enfermo ella lo percibe y te acompaña a todos lados, no se separa de ti y te da todo su calor. Recuerdo que una vez, mi sobrinito se enfermó de rubéola, tuvo que guardar cama varios días y Mica no se apartó de él para nada. Se recostaba a su lado y hasta dejaba de comer por estar ahí, no le importaba. Velaba sus sueños y jugaba con él de día. Mejor que cualquier enfermera. Gracias a su presencia, mi sobrinito pudo superar prontamente la enfermedad sin sentirse aburrido. Él decía que al mirar los ojos de Mica, podía ver el mar que tanto le gusta. Cuando estoy triste o lloro íntimamente por algo, ella lo sabe y se echa a mi lado sin pedir permiso, me lame la cara o simplemente me deja sentir su calor junto a mí. Su incondicional cariño hace que olvide pronto mis pesares y valore mucho a las personas que me rodean y que me quieren como soy. Ella
es mi tierna gatita fiera, no la cambio por nada. I love you Micaela. Zulemar
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